jueves, 14 de enero de 2010

La profesión secreta de Carla (1ra parte)



     La mañana amaneció radiante, era un día casi veraniego aunque con el frescor de los días de octubre. Carla levantó las persianas del dormitorio. Mario, su marido ya se había ido, y comprobó que el sol resplandecía con todo su resplandor; una luminosidad que también reflejaba su rostro al mirarse al espejo.
     Cómo todas las mañanas, inició su ritual de limpieza y embellecimiento que incluía todos los rincones de su ser. De una pulcritud obsesiva, comenzaba en el retrete. Vaciaba sistemáticamente sus entrañas y se lavaba hasta quedar impoluta. Siempre quería estar impecable para cualquier aventura sexual, por más guarra que pudiera ser. Antes de iniciarse como puta profesional hacía lo mismo, ya que lo puta ya lo llevaba en el alma.
     Otra de las razones por las que se sometía a tales sesiones de limpieza extrema era debido a que años atrás, después de tomar un curso de primeros auxilios y resucitación, se enteró que los heridos por trauma neurológico a veces perdían el control de esfínteres y se cagaban encima sin remedio. Desde entonces se juró que cuando saliera a la calle, si sufría algún accidente, no pasaría por tal humillación. Estaría limpia y prístina.
     Después del ritual que duraba como una hora por lo menos, se metió con parsimonia a la ducha. El agua cayó sobre su cuerpo que comenzó a enjabonar con sensualidad, sobando la piel erizada de sus pechos y vientre. Disfrutando narcisistamente la dureza juvenil de sus pezones y la suavidad que caracterizaba toda su voluptuosa figura. No pudo contener el impulso de meter un dedo enjabonado en su ano, hizo lo mismo en su vulva. Suspiró sobrecogida al pensar en lo que le depararía su segundo día de trabajo y apresuró el baño. Desayunó ligeramente y se dispuso a su brevísima sesión de maquillaje, la cuál no era muy elaborada en realidad. El mayor empeño era puesto en el delineado de ojos y boca. Por último, completamente desnuda se dirigió a su guardarropa para escoger la indumentaria para la jornada. Una tanga pequeña con encaje que llevaba un triangulito en la parte de atrás y un sujetador a juego. Todo en lencería fina en negro. Se miró al espejo y comprobó que era de su agrado. Deslizó otra puerta corrediza del armario y después de cavilar unos segundos se decidió por los pantalones negros con sutiles transparencias, ceñido hasta la cintura. En seguida tomó una blusa blanca de exquisitos bordados hecha con ganchillo, armada con botones al frente y con un escote en pico no demasiado exagerado, pero que remarcaba sus encantadores senos sin ningún asomo de vulgaridad. Se calzó unos zapatos de tacón, no demasiado altos y se miró al espejo por todos los ángulos posibles. Ciertamente guapa. La sutil transparencia del pantalón, destacaba si se ponía atención el color y la forma de su tanga.
     Dieron las diez de la mañana en su reloj Cucú que acababa de comprar con las ganancias de su primera hora de trabajo y el teléfono sonó puntualmente.
- ¿Estás lista Carla?...- Se oyó una voz femenina al otro lado del aparato.
- ¡Lista, ansiosa y hasta un poco nerviosa!- exclamó jovialmente.


       Dos meses antes:
     Las ocho de mañana, camino al trabajo. Una sensación interior muy positiva la embargaba ese día. Sin pena ni gloria consumió sus tres primeras horas de la jornada frente a la computadora. En una de sus salidas a la maquina del café se cruzó con su jefe. Iba acompañado de otra persona, un hombre maduro de cerca de 50 años, pero perfectamente llevados. Apiñonado, sonrisa amplia y brillante y mirada penetrante. Alto, con un parecido tremendo con Bruce Willis, o al menos a ella se lo recordó. Cautivador para ella, casi se queda paralizada. Situación que entendieron rápidamente los dos hombres por la irónica sonrisa que esbozaron.
-¡Carla, mira te presento!. Es Luca Brazi. –dijo su jefe sonriendo con picardía.
-¡Encantado Luca! – contestó, intentando disimular su nerviosismo interior.
-¡Hola Carla! - contestó ofreciendo sus mejillas para repartir los besos de rigor. - Más guapa de lo que me habías contado –comentó dirigiéndose a su jefe
-¡Oh!... ¡Muchas gracias! –respondió ruborizada.
      Este hombre encantador resultó ser un viejo amigo de su jefe, originario de Roma. Conoció a su jefe en México, en uno de los viajes de negocio que él hacía. Como resultado entablaron una buena y añeja amistad.
      Casi al final del día, una reunión de negocios en la oficina fue el pretexto para hacerle una gentil invitación para acompañarlos a tomar un aperitivo. Por supuesto ella no lo dudó en absoluto. Apagó la computadora, recogió sus papeles y ordenó su escritorio en tan sólo un par de minutos. Cogió el bolso, se colocó las gafas de sol y se adelantó a tomarse un Martini seco. Les había indicado que allá se verían.
      Convenientemente tres cuadras separaban su oficina del bar en las pintorescas calles del centro. Se trataba de un sitio con terraza abierta y ambiente mediterráneo. Cuando los hombres apenas entraban al establecimiento pudo distinguir su figura desde lejos. Traje oscuro impecable, destacaban por encima de los demás clientes. La coquetería y provocación de Carla salió a relucir. Su contorneo y movimientos eran terriblemente sugerentes. Al llegar a la entrada la mirada de Luca se clavó en ella. Una mirada que no podría clasificarse más que de lasciva. No había que adivinar mucho para darse cuenta de la causa de tan acentuada impresión en él. Pues el contraluz del sol transparentaba totalmente su falda, y la silueta de sus piernas, muslos y entrepierna quedaron expuestas a su visión. No sería exagerado incluir el color y la forma de su prenda íntima. Carla se acercó a ellos pidiendo al camarero otra bebida. Caminó pausadamente mientras su silueta volvía a quedar expuesta totalmente a ellos. Mientras estuvieron compartiendo estuvo en una nube. Luca la había cautivado totalmente. A pesar de su buena relación matrimonial sus devaneos de esos momentos, le hacían suponer que acabaría en una aventura con él. La idea le estaba generando un cálido deseo interior. Al despedirse sintió un cosquilleo estremecedor al sentir sus manos fuertes posarse sobre su cadera mientras se repartían los besos del adiós. Él por su parte pudo tocar con sutileza las tiritas laterales de su tanga y bajo su holgado pantalón su miembro se hinchó ligeramente.
En esa visita a México Luca estaría cuatro días solamente en su ciudad, así que a la tarde del segundo día después de conocerlo, Carla ya compartía con él cama y siesta en la habitación de su hotel. Después de aquel día se sucedieron más visitas a la oficina. En otras ocasiones en sus viajes reales de trabajo, o en los que inventaba para su marido, quedaba con él. Fueron unas semanas muy intensas en las que cada vez que se citaban fornicaban como locos. Era una autentica pasión. Él sabía como hacerla disfrutar. Sus erecciones sin terminar eran brutales y mientras ella llegaba a la cima del placer una, otra y otra vez, él se mantenía durante muchísimo tiempo en una erección permanente que la deshacía, para cuando llegaba su momento, inundarla brutalmente con chorros de semen caliente.
Poco a poco su relación de cama y sexo, fue evolucionando. Hasta que alguna vez lo acompañó a fiestas o a cenas con amigos. Después de mes y medio de relación ella fue a Italia. El iba a la entrega de unos premios y le pidió que lo acompañara.
Carla llevaba un vestido negro, muy ceñido, hasta cerca de las rodillas, con un escote revelador, unas medias negras de elásticos en los muslos, zapatos negros de corte de salón, y una pequeña torera, ya que el vestido era sin mangas. Todo ello iba bajo un largo abrigo hasta casi los tobillos de piel negra. La velada fue muy animada, Luca le presentó a muchas personas, y al final acabaron el cuarto de hotel de él. Más momentos de pasión. Cuando acabaron, después de cinco o seis orgasmos ella, y el un par de veces, quedaron exhaustos en la cama. Ella abrazada a él, colocada de lado, con la mano derecha abrazándolo por el pecho, mientras él estaba boca arriba daba sus últimas fumadas al cigarro que había encendido. Al terminarlo dejó el cigarro en el cenicero y con su mano derecha le abrazó por el cuello.
-¿Te digo una cosa? –le preguntó.
-Si…Dime –contestó ella con una amplia sonrisa dibujada en el rostro.
- Has causado una muy buena impresión. Me han dicho que estabas fascinante- hizo una pausa como para pensar con cuidado las palabras que vendrían a continuación.
- Me alegro. Da las gracias a los que te lo hayan dicho – contestó ella mientras le daba un suave beso en su mejilla.
- ¿Te acuerdas el que estaba al principio con la chica rubia, con Lorena, que te lo he presentado casi cuando nos íbamos?-.
- Si, si me acuerdo…. ¿Como era el nombre…….Horacio? …. ¿no?-
- Si, ese – contestó al tiempo que la abrazaba un poco mas fuerte.
Todo el lenguaje corporal y el misterio que envolvía tan triviales palabras la puso en alerta.
-¿Qué pasa con él?...- preguntó temerosa
-¿No te enfades, si?- trató de mitigar, pero el resultado fue el contrario. Cada que acentuaba el suspenso se sentía más nerviosa.
-¡Cielos!, ¡ya dime! – contestó intranquila
- ¿Qué te ha dicho?-.
- Me ha dicho que si eras una escort.
- ¿Yo?- hizo una pausa mientras digería la información.
- ¿Preguntó que si yo era una puta?-.
- Bueno, más o menos. Una escort no es sólo una puta- se apresuró.
- ¿Y qué le has dicho tú? –preguntó Carla con cierto recelo
-¡Joder!, ¿Qué le voy a decir? Pues, que no mujer.
- ¡Ah! Bueno, ¿Y por qué pensó eso?- comentó aún nerviosa.
- Verás. Desde que nos hemos enganchado tú y yo, sólo he asistido a mis reuniones contigo. Antes solía contratar a algunas chicas para que me acompañaran. Horacio dirige una agencia de escorts, y pensó como no te conocía, que podías ser una chica de otra compañía.
- Oye, Luca... ¿y te las follabas?- preguntó inocentemente
- Carla…¡No me hagas esa pregunta!...-
- Y... ¿por qué no?... jajajajajaja
- ¡Qué boba! – le contestó con simpatía-
- Luca…¿Cómo funciona ese rollo?- preguntó con autentica curiosidad.
- Pues es muy sencillo en realidad, te pones en contacto con una agencia, ves las chicas que hay, solicitas los servicios que quieres, tienes unas tarifas, pagas, dan a la señorita la comisión pactada y... así. Simplemente así. – comentó escuetamente.
- Ya... ¡pero oye!. Otra curiosidad ¿Cuánto se paga por eso?-
- Depende. Cada chica tiene su tarifa, y cada una pacta una comisión. Depende como sea ella.
- ¡Luca! ¡por Dios!... Yo digo las buenorras – respondió impaciente.
- Jajajajaja... Bueno, en México entre tres mil y cinco mil pesos la hora. En Europa unos 300 euros. Personalmente yo adquiría servicios a veces de fin de semana y he llegado a pagar hasta dos mil quinientos euros.
- ¡¿Qué?!, ¡La madre de Dios!, y para ella ¿Cuánto? –pregunté sorprendida-
-Jajajajajajaj... Calcula que un cuarenta o un cincuenta por ciento. No sé exactamente ese detalle como va-.
-¡Santo Dios!... Mil euros por ir a cenar y joder con un tipo cuatro veces –comentó Carla sinceramente impresionada.
- Pues te diré una cosa. Me ha preguntado por ti, si estas casada, que tal te va el matrimonio. Me ha contado que eres morbosa para esto, por tu aspecto de empresaria o ejecutiva, y al mismo tiempo tienes mucho estilo y mucha atracción. Me ha insinuado que si alguna vez andas mal de dinero o quieres probar una experiencia excitante y morbosa, que le llame y se lo diga.
- ¿Yoooo?, ¿Yo de escort?- abrió los ojos como platos.
- Date cuenta de una cosa Carla. Ahora estás conmigo porque ya me conoces, nos gustamos y nos caemos bien. Pero piensa que también podría ser igual, me refiero a estar juntos ahora pero con la diferencia de que además te estarías metiendo un buen fajo de billetes al bolso-. Dijo elocuentemente.
- No sé…no es lo mismo, ¿no?. O al menos eso creo yo –
- ¿Desde cuando estás casada?-.
- Desde el 2002
-¿Desde cuando pones los cuernos a tu marido? –preguntó sin la menor anestesia.
- ¡Cómo eres malo por preguntarlo así! Además todo ha sido porque ha sido un lerdo y un mentiroso conmigo.
- Está bien ¿pero desde cuando? –insistió sin inmutarse de la queja.
- Desde el 2004, desde agosto de 2004 –contestó casi avergonzada-
- Eso significa tres años… ¿no?
- Si –volvió a contestar.
- ¿Cuántas veces le has sido infiel? – atormentó de nuevo.
- ¡Ay Luca! ¡Vaya pregunta! –dijo en tono airado, pero un poco desinflado al final.
- No te enfades, lo que pasa es que la mayoría de las mujeres tienen un concepto de esto con el que yo no estoy de acuerdo. Además, estoy seguro que casi todas las que tenéis una profesión de buen nivel y lucís buen tipo, en alguna ocasión se les ha pasado por la cabeza.
- ¡Muchas!, con diez o doce chicos -contestó sin dejarle acabar- no sé exactamente, pero con algunos varias veces. ¿Qué pretendes con tu interrogatorio, hacerme ver que soy una puta empedernida? –dijo algo encolerizada, al tiempo que recordaba las sensaciones que le produjo Ruben, un ligue de chat de Argentina. Cuando estuvo con él en su casa y le decía aquellas burradas, en las que la llamaba de todo y como esas palabras le generaban un intenso deseo sexual, al tiempo que la follaba.
- ¡Que no hermosa!, que no lo entiendes. Que muchas de esas chicas son ejecutivas e incluso empresarias, son de nivel muy alto y alguna hasta te habla tres o cuatro idiomas. Saben estar perfectamente bien y tienen un caché impresionante. Luego follan porque no lo ven como un tabú, lo ven como un trabajo y a veces hasta como un gusto. Simplemente eso. Tu tienes mucha clase y mucho estilo. Eres como ellas, y encima también follas maravillosamente. Esa es la realidad. Pero bueno vamos a dejarlo que creo que te estás enfadando.
Un largo y calido beso, puso momentáneamente el punto y final a la conversación. Sin embargo, Carla se quedó pensativa. En el fondo sentía que no le faltaba razón a Luca. Sus relaciones extramatrimoniales se producían con alguna frecuencia, pero claro, de eso a cobrar implicaba una gran diferencia. Aunque también era una cuestión de criterios.
Se arrimó más a él, hasta quedar acurrucada contra su cuerpo, en esa posición la mano izquierda de él comenzaba a acariciar con suavidad su culo, suavidad que poco a poco se fue volviendo mas apasionada. Un giro de Carla la colocó encima de él; quién ya sobaba con descaro las nalgas de ella, mientras ella besaba dulcemente su pecho. Su postura apremiaba a su verga, que comenzaba a crecer espectacularmente, acercándose a su coño en un inusitado trance de tropismo sexual, mientras seguía estrujándole la grupa. Sus piernas se abrieron automáticamente en respuesta a las caricias que los dedos masculinos ejercían sobre los labios lubricados de su sexo, mientras la otra mano seguía magreando su culo. Tenues gemidos, con un tono mimoso comenzaban a salir de la boca de Carla. Era cierto que Luca la cautivaba en exceso. Estaba totalmente entregada a él, máxime en esos momentos de pasión, sexo y excitación. Su polla era increíble, grande, tiesa, muy recta y con un grandioso capullo que la deshacía en flujos. Más a ella que a él, cada vez que se la mamaba. Le encantaba, además, el asombroso control que mantenía en los momentos de follar. Dominaba perfectamente sus orgasmos, podía tirarse muchísimo tiempo metiéndomela sin parar y generarle a su compañera intensos e innumerables orgasmos, para en el momento de correrse, dedicarle un sensacional chorro de semen caliente.
Luca seguía estimulando febrilmente su coño, sus dedos entraban y salían una y otra vez, provocando un continuo torrente de jugos que manaban de su vagina bañando sus muslos. Carla separaba las piernas cada vez mas, y su cuerpo se contorneaba para lograr meterse esa polla que deseaba estuviera ya dentro. Él no lo facilitaba en absoluto. De repente sus manos se pararon. Alargó el brazo para encender la luz de la mesita de noche y le dijo al tiempo que echaba las sábanas y el edredón para atrás.
- Arrodíllate en el piso a los pies de la cama, Carla – le dijo con autoridad, al tiempo que esbozaba una irónica sonrisa, mientas se movía para sentarse en el borde de los pies de la cama. Se sentó con las piernas abiertas mostrando la imponente erección entre los muslos.
-¿Has visto como me la pones de dura? –le enseñó tocando su verga que respingaba bajo su control-
-Si... –contestó, al tiempo que la palpaba con sus dedos como si se cerciorara de su firmeza.
- Es toda tuya, gózala como antes-.
Sus manos comenzaron a acariciar y masturbar su miembro, tremendamente erecto, al tiempo que su mirada se mantenía fija en sus ojos. Ella de rodillas y el sentado en el borde de la cama.
- ¿Te gusta? –preguntó azorada.
- Sabes que si –le contestó. Pero me gustan más esas mamadas que me das.
Ella se inclinó, se apartó el pelo de la cara y su boca fue directa hasta su polla. El deseo por comerse entera esa polla que tanto le gustaba la excitaba enormemente. Su raja respondió de inmediato supurando néctar que resbalaba por sus muslos. Su mano masturbaba con fuerza y deseo su aparato mientras su boca la engullía una y otra vez. Como una posesa continuaba mamando su verga vehementemente. Mientras lo hacia las palabras de él, la excitaban cada vez más. Sólo se referían a que aceptará trabajar de escort.
- Ves Carla como te encanta. Ves como te gusta mamar pollas. Ves como le pones los cuernos a tu marido. ¿A Mario se la mamas así? ¡Que bien la chupas!...¡cabrona!. Tienes que haberte comido un montón de vergas. Imagínate que esto lo estas haciendo porque cobras dinero, porque eres una puta. Dime que te pone cachonda pensar que cobras por follar-.
Todas estas frases las repetía una y otra vez, entrecortadas por el placer que estaba teniendo. Carla no decía nada. Solo se limitaba a comerse y mamar esa esplendida polla que le excitaba al máximo, y a pensar, entre los devaneos de su excitación, las frases que le dedicaba. Ella admitió para sus adentros que le generaba una sensación especial pensar que podía trabajar como puta.
- Eres una hembra a la que la encanta joder, eres una auténtica perra. Cada vez que un hombre, te gusta o te motiva, empiezas a desear follártelo y lo acabas haciendo. Haz hecho de tu marido cornudo, eres una zorra y una puta en la cama. En la calle muestras tu estilo y eres una provocativa. Te encanta incitar. La única diferencia entre tu y las prostitutas, aunque sean de lujo, es que no cobras dinero, y podrías hacerte millonaria. Quién te folla una vez, desea hacerlo más veces, porque eres una viciosa y lo demuestras – le repetía una y otra vez en frases entrecortadas entre gemidos de placer.
Ella seguía chupando aquella verga que estaba ya a punto de reventar, al tiempo que volvía a tener la misma excitación que tuvo cuando Ruben, la llamaba puta o zorra. Le provocaban en exceso esas palabras. Parece que en el fondo quería serlo. Chupaba y mamaba con voluptuosidad el duro y caliente bálano, que entraba y salía entre sus labios con enloquecedora parsimonia. El cilindro se deslizaba empapado en una mezcla cada vez más espesa de saliva y líquidos lubricantes propios de la verga. Conforme su lengua y garganta acariciaban cada pulgada, sentía que su excitación se intensificaba estremecedoramente. Poco a poco se acercaba al punto sin retorno en el que el solo hecho de sentir brotar el cálido semen de aquella deliciosa polla, le arrancaría sin que la tocaran un orgasmo sobrecogedor.
No tuvo que esperar mucho, la soberbia mamada que le estaba propinando al órgano viril que tenía dentro de su boca rindió irremediablemente al fin el tributo a sus anhelos. En ese momento se ponía tenso, pulsaba y se estremecía derramando varios fuertes chorros de esperma en el fondo de su garganta. Incapaz de contener toda la carga de leche en su interior, gruesos goterones se desbordaron por las comisuras de sus labios.
La respuesta de su sensual y puta alma fue inmediata. Cómo ya lo esperaba, apenas saboreó el gusto del semen y sintió como le agarraba la lengua y ardía en su garganta. Una serie de espasmos de placer sacudieron su cuerpo. Su vagina vacía y empapada se contraía con fuerza exprimiendo hacia afuera el néctar resbaloso que ahora empapaba sus suaves muslos.
- ¡Santo cielo!– gritó Luca extasiado mientras los chorros de leche caliente se desparramaban de su boca
- ¡Comete toda mi verga so puta!. Me pones en exceso cachondo con tu estilo tan vehemente y sensual. Y saber que te vas a convertir en una puta de lujo bajo mi tutela y que lo vas a disfrutar terriblemente – continuó diciendo al tiempo que agarraba su cabeza para hundir con fuerza su miembro hasta el fondo de su garganta.
Él tenía toda la razón, a ella le encantaba follar. Adoraba el sabor del sexo masculino, su aroma, su dureza. Siempre quería más, sentirlo en cada rincón de su cuerpo. Cada vez estaba mas convencida de que iba a llegar el momento de ser una puta profesional.
Luca se tumbó en la cama y ella cambió de postura tumbándome al lado suyo. Se abrazaba a él, quería motivarle para que la follara de nuevo, que le llenara con su carne dura el coño hambriento. Pero no había manera, era claro que él quería dejarla así, caliente y excitada, como después se lo confesó. La verdad es que el furor sexual de Carla estaba al máximo.
- Durmamos preciosa, qué mañana tenemos que madrugar-. Sentenció con cierta crueldad.
- No seas así amor. ¡Por favor!, aún quiero que me la metas. Sólo una vez antes de descansar-. suplicó.
- ¡Pero mujer!, ¡No seas golosa!- se burló él, mientras sobaba su pene aún tieso.
- Además, pude darme cuenta que cuando terminé en tus labios tu también gozaste. Creo que ambos tuvimos suficiente por hoy-. Argumentó.
- ¡Nooo!... ¿Me vas a dejar así?. Pero si estoy viendo ve que aún puedes, ¿Por qué me haces esto?...
- Así tendrás mañana la mente más clara para tomar decisiones importantes, hermosa. Mañana he quedado con Horacio para que por lo menos te cuente lo de trabajar en su agencia. No sabes lo excitado que me pone que trabajes en ello. Aunque solo sea por una experiencia.
- Bueno, voy pero solo para que me lo cuente, pero eso nada tiene que ver con que me dejes insatisfecha -.
- No sea tonta ni cobarde. Te has puesto cachondísima mientras te decía esas cosas. Así que mañana te pones la mini mas corta que hayas traído. Porque ¿habrás traído? –le preguntó-
- Si. Pero también he traído los leotardos que me regalaste.
- ¡¿Los blancos?!,¿La malla blanca ajustada?!-.
- Si
- ¡Soberbio! Te verás impresionante con esas –dijo con alegría-. Seguro te ves bestial con ellas – comentó.
- La verdad es que no las he estrenado. Bueno me las probé en casa. Con mi marido. En el trabajo no me las puedo poner. Son ajustadísimas elásticas, se marca todo y además se transparenta la tanga-.
- ¡Cielos!, ya no sigas que hago que las ensucies ahora. Mañana te las pones. Vas a cautivar a Horacio-.
- Son muy provocativas. En serio Luca, creo que son excesivas – le dijo.
- Mañana te las pones. Quiero que vayas súper provocadora-.
- Esta bien amor. Pero no me dejes con esta calentura.
- Vamos a dormir, que ya es tarde- cortó.
Durmieron. Al menos, lo intentaron. La verdad es que él estaba tan cachondo como ella, pero tuvo que aguantarse. Sabía que dejarla en ese estado sería lo mejor para sus planes. Recostado sobre su lado izquierdo intentó conciliar el sueño, mientras ella hacía lo mismo. El tiempo pasó y al final el sueño los venció.
Al despertar en la mañana Luca ya estaba vestido. Lucia una camisa impoluta de algodón color crema, de cuello Mao. Un saco azul marino de lino y pantalón del mismo textil que hacía juego con el tono de la camisa. Los pantalones estaban sujetos con un cinturón de piel color chocolate que hacían juego con sus zapatos brillantes de piel.
- Ahora regreso por ti, voy a tomar un café y a leer el periódico mientras te vistes - y salió sin más de la habitación.
Carla se levantó en apenas un par de minutos y se encaminó a su maleta de dónde extrajo un extraño dispositivo plástico, que parecía un termo de aspecto futurista. Quitó la tapa que se desenroscó haciendo un sonido de aire liberado a presión y se dirigió al cuarto de baño. En el grifo del lavabo llenó el aparato con agua tibia y de un compartimento lateral cerca de la base sacó lo que parecía un sobre con sales que disolvió en el agua, luego tapó el extraño envase. Se sentó en la tasa del excusado y mientras orinaba vació sus entrañas. Conforme lo hacía agitaba el recipiente perezosamente que después de un par de minutos colocó en el piso frente a ella. La tapa del curioso juguete se prolongaba en forma de un cilindro de diez centímetros de longitud y la punta se ensanchaba ligeramente en forma de un bulbo.
Al terminar de defecar, tomó varios trozos de papel y limpió con delicadeza su culo. Otros trozos de papel los lubricó con una crema blanca que había sobre el lavabo al lado de ella y volvió a limpiar su ano, esta vez desde dentro metiendo ligeramente el dedo. Cuando quedó satisfecha con la limpieza que había logrado se puso de pié y jaló la cadena del retrete mientras miraba desaparecer el remolino sus desechos junto con los trozos de papel. Se metió a la regadera en dónde se lavó el ojete una vez más con jabón y los chorros de agua a presión. Salió de la ducha y se secó parcialmente. Tiró la toalla al piso y levantó su extraño dispositivo. Se inclinó exponiendo su trasero al aire y abriendo sus nalgas se introdujo los diez centímetros del esbelto cilindro en el recto. Entonces comenzó a bombear con una bombilla en la base del envase todo el contenido a sus intestinos. Aproximadamente un litro entero. Esperó unos cinco minutos y se sentó de nuevo en el retrete dejando salir con fuerza todo el enema. Repitió la limpieza con el papel como antes una vez más y se metió de nuevo a la ducha. Esta vez para lavar su cabello y cuerpo completo.
La ducha cumplió su función sanitaria y la relajó, después crema por todo el cuerpo. Una vez se hubo secado salió a la habitación para vestirse. Primero un sujetador blanco, que remarcaba sus senos y una tanga blanco con un mínimo cordón por las caderas y otro hilo que entraba profundamente entre sus nalgas. Tal prenda no era habitual en ella, pues prefería las bragas con un pequeño triángulo atrás, las de cordón la incomodan, pero en este caso los llevaba por si estrenaba los mallones que su amante le había regalado. La transparencia de estos obligaban a vestir debajo una tanga como aquella.
Carla se quedó pensativa unos momentos y en ropa interior se tumbó en la cama para meditar sobre la cita con Horacio. Su mente se centraba en el paso que iba a dar. ¿Se atrevería realmente? Muy dentro de sí, al parecer ya lo había decidido, pero su conciencia superior se negaba a aceptarlo. Se dispuso a vestirse y se puso la malla. Le sentaba genial, aunque demasiado sugerente, pensó. Con sutil insinuación su tanga se transparentaba por delante, aunque realmente no se adivinaba ninguna parte íntima el efecto era por demás provocador. Arriba un jersey negro, de punto, ajustadito, de ancho elástico hasta la cintura. Carla se miro en la luna del espejo. Se sintió tremendamente atractiva. Era claro que iba a levantar las más locas pasiones en los hombres. Se sentó en la cama para colocarse las botas negras de ante de tacón alto, lo que estaba segura iba a realzar más su figura.
Llevaba apenas un par de segundos sentada en la cama y la puerta se abrió. Luca regresaba a la habitación, la miró amorosamente y se acerco a ella. Se colocó de pie frente a ella, entre sus piernas separadas y le acarició con suavidad mis mejillas. Su rostro quedaba totalmente pegado a su cuerpo, en concreto al bulto de su pantalón. Ella no me pude reprimir varios dulces besos que quedaron estampados en esa parte de su cuerpo que la volvía loca.
- Ponte de pie para que te vea –le dijo.
- Espera que me ponga las botas –.
- No, no es necesario. Levántate ¡por favor!. – le indicó suplicante al tiempo que sus manos agarraban las suyas para ayudarla a levantarse.
Así lo hizo mientras la miraba con deseo.
- ¡Estás impactante!, ¡Soberbia! – exclamó con alegría.
Unos minutos más tarde se encontraban juntos en el comedor del hotel desayunando. Ella un jugo de naranja y fruta con yougurt, él huevos con tocino, pan, jugo y café.
Mientras desayunaban, ella admiró la el varonil aspecto de su loco amante. Tenía el cabello muy bien recortado al ras de un cráneo excelentemente esculpido. Los ojos verdes, su mandíbula cuadrada le hacía parecer un actor de Hollywood, aunque su sonrisa pícara y burlona no cuadraba con ese cliché.
Para ella las primeras miradas no se hicieron esperar, pero sorprendentemente no la incomodaron demasiado. Originalmente pensó que iba a estar más cohibida. La charla de ambos transcurría fluida y no se preocupaban por las miradas de los demás, aunque de vez en cuando algunas miradas descaradas del público los hacían sonreír con picardía.
Una vez finalizado el desayudo, les recogieron el servicio y los invitaron a tomar el café en la terraza. Luca se levantó y con un exagerado protocolo de cortesía ayudo a Carla a levantarse retirándole la silla. Ella se puso de pie con parsimonia y con pasos pausados se dirigió hacia una terraza llena de luz y hermosas plantas. Cada paso que daba resonaba con sus tacones en el pulido piso de duela de madera preciosa. Todas las miradas masculinas, femeninas incluso, estaban puestas en las largas y refinadas piernas de ella. Seguramente también en el culo respingón y redondo, en el vientre y hasta en el coño. Pero además de sensual, su estampa era extraordinariamente estética y refinada. Pocas personas podían lucir tan exquisita y elegantes e ir tan desvestidas como ella.
Mientras caminaba adornando con su garbo el momento, Luca la seguía de cerca sin perder un gesto o mirada del resto de los comensales. Su rostro lucía una sonrisa esplendida al percatarse de que el salón que hacía unos segundos bullía en murmullos, se encontraba en absoluto silencio. El mutismo fue roto momentáneamente por un descarado y ronco suspiro. Su grotesco autor era un corpulento hombre maduro que fumaba su enorme cigarro justo en el umbral de la terraza. Por su posición privilegiada Carla pasaría a su lado para salir al balcón. Al pasar junto a él ella le regaló una discreta y sutil sonrisa, que el tipo jamás atinaría a asegurar si fue verdad.
Cuando Carla llegó a la mesita de jardín, ya la esperaba un diligente mesero que le colocó la silla para que se sentase. En un minuto, dentro del salón todo regresó a la normalidad y el volumen del bullicio se normalizó. En dos minutos más, un par de atentos meseros les ponían cafés y unos licores. Ninguno de los dos dijo nada, dieron un sorbo a su café y miraron la calle que se extendía un piso abajo.
Al poco rato llegó Horacio, iba vestido todo con un traje de Lino crudo y un sombrero Panamá. Saludó a ambos de beso en la mejilla y se sentó. De inmediato tomó el mando de la conversación.
- ¡Esa si que fue una salida memorable!- comentó divertido-. Estaba parado del otro lado del comedor charlando con un amigo cuando observé vuestro numerito. Estoy seguro que sabes el enorme poder que tienes sobre los hombres Carla y si has meditado por ti misma sabrás que te aguarda un enorme éxito que te aguarda si te decides.
- No te apresures Horacio, ya veremos. Primero explícame concretamente. Que debería hacer si acepto trabajar en esto. Como sería el rollo, los contactos.... en definitiva como iría esto conmigo
Luca se quedó en silencio admirado por la decisión de Carla. Horacio comenzó a explicar.
- Primero te tienes que hacerte un portafolios de fotos. Pienso que tú das el tipo perfecto para ser acompañante de lujo. No se trata de hacer fotos excesivas, que puedas pasar por una prostituta más. Tienes que inspirar categoría, elegancia, seducción y misterio. Tienes que dar la imagen de una mujer educada y de excelente nivel que lleva esta vida en secreto.
- Bien, Hasta ahí entendido. Pero sigue –interrumpió Carla nerviosa.
- De ese portafolios, escoges unas fotos y las subimos en las tres páginas Webs de escort que yo administro.
- ¡Espera, espera! – contestó con intranquilidad- ¿Me verán el rostro todos lo que entren en ellas?
- Si tú no quieres, no. Te puedes poner de espaldas, haciendo poses tapándote con el pelo, o sino te editamos la foto y te ocultamos la cara. Pero, siendo completamente honesto contigo, si no muestras tu rostro, temo que tu impactó se deprecie en un cincuenta por ciento o más. Y que pases más por otra del montón. Yo te aconsejo que muestre tu rostro. Lo que puedes hacer si no quieres ser reconocida, es cambiar tu imagen para las fotos. No sabes como cambia una persona con un buen maquillaje, un peinado diferente o con otro color de cabello.
- Puede ser –contestó con cierta tranquilidad-. Pero sigue... Por favor...
- En esa pagina saldrá una foto tuya, que al hacerle click con el ratón, se desplegará otra página con la información que tu quieras ofrecer, con otras tres o cuatro fotos mas. Las que tú elijas. Aquí aparecerá tu nombre o pseudónimo, la edad, tus medidas, si hablas otro idioma, que servicios das, la disponibilidad de tiempo, viajes, si tienen que contactar con un determinado tiempo de antelación, y todo lo que sea importante para los fines de una cita. ¡Ah... Muy importante! El precio. Tú perfectamente podrías estar en doscientos euros la hora en Europa, y la correspondiente cantidad de dólares en América. Menos no. Más para empezar sería excesivo. Si fuera un día entero o dos, pactas el precio. Dos días: mil quinientos a dos mil euros –agregó después de pensar unos segundos.
Carla lo miraba atentamente, mientras en su mente ya estaba imaginándose en esa situación.
Definitivamente estaba hecha para eso, porque antes que el dinero, que por supuesto le caería de maravilla, estaba pensando en los hombres sensuales y hasta en los vulgares y guarros que la fornicarían. Percibió como una cálida humedad surgía de su coño.
- La agencia recibe la llamada de teléfono solicitando tu servicio y nosotros los ponemos en contacto a los dos, de esta manera no conocerán tu número telefónico- prosiguió Horacio con su explicación.
- Con el paso del tiempo tendrás clientes fijos y te llamarán directamente a ti, pero al principio no es lo normal ni lo seguro, sobre todo en ti que estás casada. Si tienes suerte en un futuro cercano, tal vez algún tipo influyente o poderoso te contrate. Este puede recomendarte con su circulo cercano de amigos. Así podrás hacer una agenda de clientes que puede resultar millonaria. Y te podrás hacer escort independiente. Pero al principio pagarás a la compañía ciertas cantidades por utilizar las páginas de Internet y el book de la agencia, seas contratada o no. Si contratas mucho, ganas mucho, y si no, pues te arriesgar a perder lo que te cobramos a primeros de mes por los servicios.
- No está mal... ¿que opinas, Luca? – preguntó dirigiéndole la mirada-
- Carla... ya sabes lo que opino – contestó con seguridad.
Transcurrieron unos segundos en silencio, y mirando a Horacio contestó.
- Hagamos negocio... ¡si! Acepto-
Unas sonrisas de los dos y una palmada de sus manos derechas confirmaron que estaban deseando que ella diera esa contestación.
- ¡Una cosa! – dijo Hoarcio repentinamente.
- No te pongas tu nombre, cámbiatelo para trabajar, escoge uno que sea normal, de los clásicos, pero que tampoco sea muy habitual... No sé que decirte... ¡joder! normal... tu me entiendes. Huye de los clásicos explosivos que se utilizan para este tipo de cosas. Tienes que dar la imagen, que encima es verdad, que tienes una vida en que eres una mujer con una vida normal y sofisticada, pero que esto es algo ocasional. Que eres una prostituta de lujo, pero también una ejecutiva en tu vida laboral. Así proyectarás más morbo.
- Está bien pensaré uno junto con la imagen adecuada.
- Ten en cuenta – prosiguió Hoarcio sin dejarla continuar - que en la agencia el único que sabrá tu verdadero nombre soy yo. Para las personas de allí y para las chicas, por si alguna vez haces servicios con alguna de ellas, te conocerán siempre por el nombre que te has puesto.
Con eso dieron por terminada la conversación, hicieron un pequeño brindis, y esos primeros sorbos fueron morbosos para Carla. Pensaba que no se arrepentía en absoluto y estaba deseando ya tener su primer cliente. Se sentía ya una auténtica puta, aunque en realidad esto ya lo experimentaba desde hacía tiempo, sólo que antes era sin cobrar.
- ¡Oye Horacio! Una cosa más...– preguntó de repente.
- Dime-.
-¿Las fotos... quien me las hace y cuando?
- Vente la semana que viene, quedamos antes por teléfono, traes la ropa que quieras ponerte, lo que tu escojas…ya sabes como te he dicho que deben ser, bajo mi opinión. Y las hacemos aquí. La semana siguiente yo estoy fuera, pero la que sigue ya estoy aquí. En tres semanas tienes listo tu anuncio en internet, con todo y portafolios de imágenes.
Tres meses después:
De regreso en México Carla continuaba con sus rutinas normales en casa y en su trabajo, pero le costaba mucho concentrarse. Apenas la noche anterior le había llamado Horacio para informarle que su anuncio ya estaba puesto en la red. Que estuviera pendiente para cualquier llamado de la agencia. Por ahora, en el anuncio habían puesto que el país de residencia era México, pero con disponibilidad para viajar a Europa y toda América.
Se sentía como cuando terminó su bachillerato y esperaba los resultados de su examen a la universidad. Tal vez peor que eso. Por lo menos la despedirían por inepta ya que por un par de días no daba una en sus labores. Andaba como zombie, totalmente ausente, con la mente y la imaginación dibujando las más locas suposiciones sobre su nueva profesión.
Cada vez que sonaba su teléfono celular, sentía como si sus entrañas dieran tumbos en la montaña rusa. Cuando contestaba miraba con esperanza y miedo el nombre del que llamaba, esperando ver en cualquier momento la rubrica de la agencia de escorts.
Al fin sucedió.
- Hola ¿Sofía? -. Ese era el nombre “artístico” que había escogido. Escuchó la voz agradable de un hombre que se imaginó joven y tímido. Una oleada de emoción invadió su pecho que se agitó presa de una agitada respiración. Percibió como mojaba las bragas y por un par de segundos que se le hicieron una eternidad se quedó muda. Haciendo acopio de su voluntad por fin consiguió que su voz saliera de su garganta. Con gran esfuerzo de concentración moduló su tono para que pareciera habituado a contestar el teléfono.
- Si querido, soy yo- Reafirmó como convenciéndose al mismo tiempo a si misma.
- Supongo que estás interesado en una cita- dijo al notar que del otro lado se hacía un silencio dubitativo.
- Si- contestó el cliente – Acabo de ver tu anuncio en la red y me has gustado mucho- expresó con dificultad.
Conforme él iba hablando y ella le notaba completamente novato se fue tranquilizando. En breve ya tenía todo el control de la llamada.
- Ahora estoy en México. Me gustaría cenar contigo y después pasar una velada sensual- Se le notaba inseguro.
- Claro que si, me encantará acompañarte. Dime la hora y el lugar. También dime tu nombre y cómo eres para ubicarte fácilmente.
- Me llamo Roberto Riveiro. Soy un hombre de treinta y cinco años, de un metro ochenta e iré vestido con un traje azul marino y camisa de cuello de tortuga. ¿Te parece bien si nos vemos en un restaurante mediterráneo en Insurgentes sur como a las 19:00 horas de hoy? Se llama Petrus.
- Me parece perfecto Roberto, allí estaré.
- Hasta entonces-.
Colgó, apenas el se despidió. Su respiración y ritmo cardiaco que ya se habían apaciguado bajo su control, se desbocaron de nuevo al caer en la cuenta de que iba a verse con su primer cliente. Cómo si fuera posible intentó imaginarse su apariencia guiada por el tono y timbre de su voz. Era un ejercicio inútil y absurdo, así que al darse cuenta de ello lo dejó rápidamente. Recordó que el tipo no le pidió detalles sobre sus servicios como le había comentado Horacio que harían algunos. Si en su trato incluía sexo anal y otras monerías. Supuso que al no hacerlo, o daba por hecho que se podía tomar todas las libertades o que era un hombre más bien tranquilo sin aspiraciones demasiado guarras. No le preocupó mucho, ya que le gustaba el sexo en todas sus modalidades y estaba más que dispuesta a ser completamente versátil.
Faltaban cuatro horas para su cita. Tiempo que apenas le bastó para arreglarse y quedar divina. Se volvió a bañar y a poner loción humectante sobre toda su piel. Perfumó sitios sensualmente estratégicos, verificó que cada una de sus verijas estuviera impoluta y se vistió atrevida, pero elegante.
El taxi privado que contrató la dejó a las 19:00 horas en el Petrus. Cosa rarísima en la caótica ciudad de México. La noche fría de enero la golpeo en rostro al bajar del vehículo, por lo que apresuró el paso a la entrada del mesón. Una vez adentro un atento hostess la recibió y le preguntó si cenaría sola.
- ¡No!... Me espera el señor Riveiro-.
El hombre miró en su libro y después de regalarle una esplendida sonrisa le dijo.
- Si señorita. Sígame por favor, la escoltaré a su mesa.
El cliente estaba en una mesa excelentemente ubicada, cerca de un ventanal con vista al parque hundido. En cuanto lo vio le gustó y no pudo reprimirse en demostrarlo.
- ¡Qué lindo!- dijo con una sonrisa. Mientras Roberto le regresaba el gesto con alegría. El anfitrión del lugar les ofreció una carta de vinos y les reitero la bienvenida. Una vez solos, él tomo la iniciativa.
- ¡Sofía!... ¡Eres más bella aún en persona!- suspiró cándidamente.
- ¡Gracias!... contestó sonriente Carla- Tú no estás nada mal, se atrevió a mimarle.
- ¿Sofía?... ¿Ese es tú nombre verdadero?-
- ¡Si!...- Se apresuró a contestar ella- ¿Por qué lo preguntas? ¿no parezco una Sofía?- hizo un gesto de mofa.
- No... ¡Perdona!... No es eso. Lo que pasa es que tengo entendido que las escort suelen cambiarse el nombre. La verdad es que si me gustaría saber tu verdadero nombre si no es ese. Me gustaría pasar la velada con una hermosa mujer que sea realmente quien dice ser. Sé que se oye ridículo, ya que tal vez sólo pasemos una noche juntos y no nos volvamos a ver jamás. Pero para mi es importante. Quizás te resulte estúpido, pero si eres realmente quien dices ser, para mi hará que mi fantasía sea más genuina.
Piénsalo un poco, supón por un instante que tu fantasía es salir con Brad Pitt y en efecto, por alguna fortuita razón sales con él. Pero él se presenta con otro nombre. Por las razones que quieras- hizo una pausa para que ella lo imaginara.
- ¿Ya no es lo mismo verdad? Un sólo nombre hace que tu fantasía sea irreal.
Ante sus encantadores argumentos, Carla estuvo a punto de ceder, pero recordó lo que le habían instruido por su seguridad y se mantuvo firme.
- Pues bien Roberto Riveiro. Entonces tu fantasía será todo lo real que deseas. Finalizó el tema asumiendo con ello que quedaba entendido que su nombre real era Sofía.
- Te lo agradezco Sofía –
- ¿Y a qué te dedicas Roberto? –
- Soy Director de una editorial en la ciudad de México.
- ¡Qué interesante! Debes leer mucho- comentó mostrando su interés. A mi me encanta leer y también escribir.
- ¡No me digas!... ¿Y qué escribes?- Dijo intentando mostrar un interés
- Me gusta escribir y leer sobre erotismo y ciencia ficción. Algunas de mis aventuras ya forman parte de un pequeño acervo de historias ardientes dentro de mi computadora.
- Me encantaría leerlas todas. Una mujer tan sensual y tan culta como tú seguro tiene cosas in creíbles que decir. Tal vez podamos publicarlas algún día, ¿no crees?.
- ¿Tú como sabes que soy culta, si ni me conoces?.
- Bueno, la verdad es que me baso completamente en lo que se muestra de ti en tu perfil en la red. Si es cierto, y si tú escribiste esos blogs. No tengo duda de tu nivel cultural.
- Si en efecto, yo escribí esos blogs. No tengas duda de ello. También escribí la Biografía y la sección “Acerca de mi”. Pero aún así conozco mis limitaciones y la verdad no creo escribir tan bien como para que alguien quiera publicar mis historias -.
- Creo que te sorprenderías de lo que se puede publicar con los contactos adecuados-
- ¿En serio?... ¿No es necesario sólo talento y originalidad?- preguntó burlonamente.
- No, no lo es. Incluso, hasta podemos contratar correctores de estilo y editores especializados en el género, para que historias insulsas sean un poco menos tediosas.
- Pues la verdad no me lo imaginaba-.
- ¿Desean ordenar algo para tomar?...
- ¿Te gusta el vino tinto Sofía?...- preguntó Roberto cortésmente.
- ¡Me encanta!- Contesto ella con alegre sencillez.
- Tráiganos una botella de Protos, por favor-.
- ¡Enseguida señor!-.
La cena y la charla transcurrieron deliciosamente. Carla no quiso comer demasiado, pero saboreó cada bocado de su Carpaccio de res y su sopa de cuatro quesos. Tanto el cliente como la hermosa acompañante se sentían como en un sueño. El vino circuló generosamente, sólo en la justa medida para que el alcohol en su sangre, relajara sus nervios y se observaran mutuamente con deleite. Aprovechando que estaban sentados muy juntos, y que la mesa tenía un mantel largo, ella se atrevió a acariciarle un muslo con discreción. Sintió los músculos fuertes de su pierna tensarse bajo la presión de sus dedos y se estremeció con el contacto. El la miró con deseo y le obsequió una sonrisa. Conforme charlaban Roberto estaba fascinado con su acompañante femenino. Superó por mucho sus expectativas. Incluso se identificó con su forma de pensar respecto a los temas que iban abordando durante su plática. Parecía saber de casi todo.
- Esta mujer tiene todo lo que un hombre puede soñar. Belleza, pasión en la sangre y sensualidad en el alma. Siento como mi corazón se acelera, pero no puedo perder la compostura. Quiero que se lleve en la memoria la mejor impresión de mi- pensó Roberto.
El tiempo se fue volando y la cena llegó a su fin. Ambos disfrutaron con enormidad de esos momentos. Sin embargo, había que avanzar a otras faenas de placer y gozo en un plano más carnal. Por supuesto, no solamente él cliente estaba ansioso de ello. La verdad es que ambos se morían de ganas por desnudarse el cuerpo y abandonarse a sus más sensuales deseos. El alma vendría o no después si todo seguía tan bien como hasta el momento. Pero por ahora los dos acallaban sus ansias de sexo en una especie de protocolo de preparación.
El camino al hotel fue colmado de arrumacos y besos. Mientras el manejaba, ella charlaba y lo mimaba con caricias furtivas. Estando tan cerca y en tan cómoda posición esta vez, Carla no pudo resistir acariciar con lascivia la pierna de él, subiendo por el muslo y sentir la dureza de su entrepierna. Quería explorar lo que este primer cliente le tenía reservado para su estreno como puta profesional. El primer tacto de su hombría no la desilusionó.
Por fin estaban en la habitación del Hotel. Una emoción indescriptible recorrió las entrañas de Carla. Incertidumbre, excitación, miedo, deseo y lujuria se mezclaron en su alma.
Roberto sintió algo parecido a estar en la montaña rusa. Conocer por primera vez en carne y hueso, a la mujer que una vez en la pantalla de su laptop lo había hecho soñar. Era la primera vez también para él. Nunca antes había contratado los servicios de una escort, pero desde que admiró a Sofía, y se dio cuenta que pasar una velada con ella, estaba sólo al alcance de su tarjeta de crédito. Así que decidió darse el lujo.
Ella lo abrazó y lo besó con pasión. Él la sintió deliciosa, su cuerpo delgado, flexible, sus nalgas sólidas y suaves. Había encontrado a una mujer a la que, al igual que a él los hacía indestructibles la sensualidad.
Roberto pudo sentir como toda la sangre caliente de su cuerpo fluía por todo su ser. En los brazos de esa mujer se sintió poderoso y tan sensual como ella. Simplemente por compartir su sensualidad. Su deseo por ella acentuó la fuerza de su mirada, de sus caricias y besos y pudo percibir como la excitaba también a ella.
-Esto no puede ser actuación- se dijo a si mismo.
La ropa era ya un estorbo molesto, ambos desabrocharon y bajaron los zipers ajenos, tratando de aligerar las prendas del contrario. La camisa y la corbata de Roberto cayeron descompuestas sobre una silla, las siguió el cinturón. Luego la blusa de ella y el sujetador. Los pantalones de él y los boxers estaban ridículamente en sus tobillos mientras Carla manipulaba la regia erección.
- Vaya que a este tipo se le ha puesto de hierro, puedo sentir la fuerza de su excitación a través de su miembro, siento palpitar su corazón a través de su dureza-.
La verga para su debut no era espectacular en tamaño, pero a Carla le pareció muy hermosa. De glande prominente y unos suculentos dieciséis o dieciocho centímetros; no estaba segura. Pero su dureza hizo que su nido de amor supurara grandes cantidades de lúbrico néctar.

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